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lunes, 6 de mayo de 2019

Triatlón Popular de Madrid 2019

Mi vuelta al triatlón tras casi dos años de ausencia se produjo ayer 5 de Mayo en Madrid, en una bonita prueba que escapaba del formato clásico dentro de la Casa de Campo para incorporar la zona del Palacio Real y la Catedral de la Almudena.

Creía que volver sería más sencillo, que sería simplemente retomar las cosas donde las dejé hace dos años justamente en una prueba en la Casa de Campo, pero la realidad fue diferente. El resumen que puedo hacer de la prueba es que se me ha olvidado competir en triatlón.

En primer lugar la natación. Nunca he sido un gran nadador, pero el paso del tiempo me hizo dejar de ser uno malo. Los entrenamientos que he podido hacer desde Barcelona hasta aquí me han dejado buenas sensaciones, sobretodo porque aunque llevaba casi un año sin nadar, desde el principio pude hacer muchos metros sin que el cuerpo lo pagase al día siguiente. Era plenamente consciente de que mi rendimiento no iba a ser el de antaño, pero la realidad fue aún peor. Para mi es fundamental poder calentar en el agua antes de las pruebas, ya que si salgo frío (como me paso en el Lago de la Casa de Campo) no soy capaz de dar el 100%, no nado cómodo. Así paso una natación que se me hizo muy larga en determinados tramos, sobretodo por la incapacidad de encontrar sensaciones, que es de lo que va este deporte.

Del agua salgo bastante atufado, me cuesta quitarme la parte de arriba del neopreno un horror y el sector de enlace hasta la transición se me hace largo. Cojo la bici para hacer el "clásico" circuito de la Casa de Campo con la subida al Cerro Garabitas. Esto lo tenemos que hacer dos veces antes de poner rumbo al Palacio Real vía Cuesta de la Vega. La primera vuelta en bici sigo atufado, es como que las piernas no consiguen entrar en calor en ningún momento. Encima la prueba va bastante dispersa y me toca ir solo gran parte de la vuelta, lo que es especialmente incómodo en los tramos llanos donde no puedo rodar todo lo rápido que se merece el perfil. La segunda vuelta empieza con una salida de cadena en plena subida que me hace perder en torno a un minuto, pero una vez en su sitio las sensaciones son mucho mejores que en la primera. El tramo desde la Casa de Campo hasta el Palacio Real lo disfruto mucho, pero visto en retrospectiva fui muy muy conservador, e tuve excesivo respeto a la Cuesta de la Vega, lo que demuestra que he perdido callo. Dejo la bici en la explanada entre el Palacio y La Almudena y a correr.


La carrera a pie empiezo un poco inseguro por las típicas molestias musculares asociadas al cambio de disciplina. Pero pasados esos primeros metros de toma de contacto, aquí si que soy conservador al cuadrado, demasiado. Quizás la influencia del petardazo en Barcelona me haya hecho recular, no lo sé. El caso es que tras un circuito de ida y vuelta hasta el Parque del Oeste por Pintor Rosales, llego demasiado sobrado de energía y de gas a la línea de meta. Cruzar la línea de meta es agridulce porque entre pitos y flautas soy consciente de haberme dejado un saco de minutos por el camino, y que simplemente con una actitud más arriesgada unos cuantos habrían caído de mi lado.


No puedo decir que esté decepcionado, porque he vuelto a hacer triatlón y eso es la mejor noticia del día. Volver a recuperar las ganas y verme de nuevo colocándome el neopreno, haciendo las transiciones, cruzando la línea de meta... sin duda me quedo con eso. ¿Cosas a mejorar? Por supuesto, todas las que he descrito encabezadas por cambiar el chip y ser más competitivo y seguir creciendo en al agua y en la bici hasta esas cotas que sé que puedo alcanzar. Pero tengo que darme una tregua a mi mismo, la exigencia es buena pero volver a verme en una clasificación de triatlón, mejor por mucho.

Mi idea según termino de escribir estas líneas es pasarme a ver de que va el Triatlón de Gijón, que es el 25 de Mayo, para dar un pasito más y seguir ilusionándome.



miércoles, 4 de mayo de 2016

Triatlón de Alba de Tormes



Como había contado en mi anterior entrada, mi situación profesional cambió para muchísimo mejor a partir de finales del mes de Julio. Esto me hizo cambiar radicalmente mi plan de temporada de no hacer ningún triatlón en verano. El recuerdo del buen triatlón hecho en Barcelona a pesar del bajón en horas de dedicación me impulsó a apuntarme a un nuevo triatlón a finales del mes de Agosto, con la perspectiva de tener un mes para prepararlo y volver a sentirme triatleta.

El elegido fue el Triatlón de Alba de Tormes, localidad cercana al pueblo de Alejandra  y cuya inscripción me costó tan solo 10€, algo a reseñar en este mundo de precios inflados. Durante el mes de Agosto me dediqué a volver a entrenar, recuperando sobre todo la ilusión que había perdido por este deporte. No me maté a entrenar, ni me dediqué a pensar en tiempos ni ritmos, simplemente quería volver a hacer un triatlón con la sensación de estar compitiendo.

Así que allí nos plantamos el 29 de Agosto, en plena ola de calor y… se pone a llover mientras recogemos los dorsales, menos mal que el circuito de bici no tenía complicaciones. A diferencia de mis triatlones en 2014 donde me estudiaba al dedillo recorridos antes de salir, aquí no me quedo ni con dónde he dejado la bici. Caliento un poco en el agua del bastante caliente – pero a pesar de ello con neopreno hasta arriba – Río Tormes.

Con bastante retraso se da la salida, en medio de bastante confusión lo que hace que mucha gente salga – entre ellos yo – con una desventaja de 50 metros. Este no será el último indicador del caos organizativo que fue la prueba, aunque alguno dirá que por 10€, que más se puede pedir… En el agua no me siento cómodo desde el principio, bajo el ritmo a partir del giro de la boya (la mitad del recorrido de 750 metros) pensando que quizás he salido demasiado “revolucionado”. Salgo en unos 13’ pelaos del agua, lo cual no está nada mal, aunque mis sensaciones están lejos de ser buenas.


Cojo la bici después de una mala transición y el circuito se me atraganta desde el km.0. Mucho callejeo al principio y luego un sube-baja del que mis piernas no quieren saber nada. Lo paso sin más, pero ya mi cabeza está mal, demasiada diferencia entre mi vuelta al ruedo imaginada y la real.


Pero lo peor está aún por llegar, la carrera a pie es una encerrona, una carrera de montaña con unas cuestas demoniacas que me acaban de rematar. Ahora sí que la carrera se convierte en pura supervivencia y el único objetivo cruzar la meta. El calor se intensifica, lo cual para mí es como si en lugar de correr 5k tuviera que correr 10. Al final llego entre la confusión por la cuestionable colocación de la línea de meta, pero mis ganas de agua y sombra superan a las de protestar o quejarme.


Acabo en la fuente del pueblo con otros competidores dándome un baño, que sirve como analogía del baño de realidad que me acababa de dar en la carrera… Moraleja, mi nivel de 2014 está ahí, pero entrenando un mes no se puede pretender alcanzarlo.
Con esta prueba terminé la temporada 2014-15, que suponía un bajón más que evidente si la comparamos con la temporada 2013-14, pero tuve momentos (principalmente en Marina d’Or y Barcelona) que me permiten soñar con recuperar ese nivel si vuelvo a entrenar. 

¡Allá voy 2016!

miércoles, 27 de enero de 2016

Triatlón por Equipos Valladolid



Tras el gran sabor de boca que me había dejado Barcelona, con un resultado y unas sensaciones infinitamente mejores a los esperados, me volví a aventurar en otro triatlón por equipos. Por primera vez repetía en este formato dentro de la misma temporada y además repetíamos equipo con respecto a Marina d’Or: Garrido, Moral, Sanz, Pascual, Núñez y Tarno de nuevo ante un triatlón en distancia Sprint.

 

El triatlón se celebraba dos semanas después de Barcelona, así que por desgracia fueron dos semanas más sin entrenar debido al ajetreo profesional, a lo que había que sumar que tras Barcelona estuve una semana bastante jodido. A pesar de ello nada me hacía pensar que, por primera vez en un triatlón por equipos, no solo no iba a poder ayudar a mis compañeros tanto en la bici como en la carrera a pie, si no que iba a tener verdaderos problemas para soportar el ritmo impuesto corriendo.

El triatlón empezó ya mal en el agua, donde tengo muy muy muy, pero muy malas sensaciones. Paso el trago porque el ritmo no es exigente, pero la natación suele ser un sector que marca mucho mi desempeño en la prueba... cuando salgo así del agua, nunca suelo hacer las cosas bien después. Además, a diferencia de Marina d’Or donde hicimos un sector perfecto – dentro de nuestras capacidades – aquí las cosas salen bastante peor, no nos coordinamos tan bien y a Núñez le lanzan constantemente contra Pascu o contra mí, que vamos abiertos en los laterales lo cual provoca constantes parones y acelerones.

 

Salimos a la bici, que siempre es nuestro mejor sector pues es en el que el nivel de los seis está más parejo. Aquí al principio parece que me encuentro mejor, pero es tan sólo un espejismo. En cuanto me toca dar un relevo fuerte las piernas protestan mucho y la sensación es muy mala, no voy nada cómodo así que decido que mis relevos sean más dispersos y en ningún caso con la fuerza que suelo hacerlos. En conjunto la bici tampoco salió bien. Jorge fue a su rollo, Pascu tampoco andaba muy fino y a Antonio le sigue costando horrores coger ritmo después de nadar. No estaba siendo nuestro mejor triatlón, y yo no lo estaba disfrutando.

La carrera a pie fue la corroboración de que no era mi día para nada. Desde el momento que pongo pie a tierra y cuando aún tengo la bicicleta en la mano me vienen los síntomas de debilidad que llevaré durante los 5k de carrera a pie. Intento reponerme y al principio no voy tan mal porque nuestro ritmo – incluso cuando Pascu se ha retirado – es bajo. Esta transitoria sensación de comodidad se esfuma cuando intento empujar a Jorgito un par de veces... ahí el esfuerzo es demasiado grande. A partir de ese momento dejo esa tarea a Fran que va bastante más sobrado que yo y me retiro a la parte trasera para pasar lo que queda con el menor sufrimiento posible. No llegué a sufrir en ningún momento, pero tampoco tenía energía extra, digamos que iba exactamente al ritmo que habría escogido si hubiese tenido que correr solo.

Al final la carrera no sale tan mal desde el punto de vista de los tiempos, aunque mi sensación subjetiva es que funcionamos bastante peor como bloque que en otras ocasiones. A nivel particular me encontré flojo, bien es cierto que si no hubiese querido asumir labores de equipo – tirar en la bici, empujar corriendo – lo hubiese pasado bastante más sobrado. Baste ver mi aspecto justo al término de la carrera para que todo lo que he escrito en esta crónica cobre vida.

 

Justo la semana anterior a este triatlón mi vida profesional dio un giro de – no diremos 180 -  135 grados con cambio laboral. Esta situación me permitió a partir del mes de Agosto volver a entrenar con cierta frecuencia, lo que me hizo ilusionarme y no tardé mucho en apuntarme a un triatlón en Alba de Tormes, pero eso ya es otra historia...  

lunes, 19 de octubre de 2015

Campeonato de España de Triatlón Contrarreloj por Equipos

Mi primer triatlón de la temporada, a diferencia de las 3 anteriores donde Fuente Álamo siempre ocupaba ese lugar privilegiado, fue en este caso el Campeonato Contrarreloj de Marina d'Or.

Me perdí Fuente Álamo por el mismo motivo por el que mi temporada - mi vida en realidad - se vió totalmente trastocada: los viajes a Francia derivados de mi trabajo. En los tres meses que van de Mayo a Julio apenas pude hacer nada cercano a un entrenamiento, y por ello mi habitual festival de triatlones estivales, esta temporada se ha visto reducido a visitas homenaje. Como los datos valen más que todo lo que pueda a escribir, dejo a continuación la evolución de triatlones realizados desde el año 2012:

2012: 11 triatlones
2013: 12 triatlones
2014: 13 triatlones
2015: ¿14 triatlones? Pues va a ser que no. Si finalmente hago el Triatlón de Alba de Tormes (30 de Agosto) habré hecho 4 triatlones...

El caso es que en este triatlón por equipos donde manda el espíritu de compañerismo y el pasarlo bien, me encontré muy bien. Es cierto que son triatlones que me permiten ir cómodo, pero si no se está en forma - como ya comentaré en el Triatlón Contrarreloj de Valladolid - se pueden llegar a pasar malos ratos. No fue el caso de Marina d'Or donde fui muy bien en el agua y en la bici y en la carrera tuve muchísima fuerza para poder ayudar a Pascu a pasar el trance.

El rendimiento del equipo (veáse la foto con nuestra nueva incorporación: Jose Moral) fue la mejor desde que competimos juntos.


El trabajo en el agua fue perfecto, consiguiendo bajar de 14´, lo cual es un éxito increible para nosotros. En la bici nos relevamos muy bien, y a pesar de lo complicado que resultó la convivencia con otros equipos (3 vueltas de 7k dan para encontrarte con muuuuuchos equipos) pudimos rodar bastante rápido y conseguir que Antonio se recuperara del esfuerzo del agua y que Pascu no llegara muy castigado a correr.


Por último la carrera a pie fue lo más flojo, pero es un sector en el que las fuerzas ya iban muy justas y a pesar de ello conseguimos correr a un ritmo mejor de lo esperado.


El fin de semana largo - pues coincidió con el puente de San Isidro - fue perfecto, rodeado de buenos amigos y con mi fotógrafa particular dando guerra de nuevo.

Después de este triatlón, estaba apuntado al Garmin de Barcelona que tanto me gustó en 2014. Pero eso ya es otra historia...

viernes, 2 de enero de 2015

Gran 2014... a ver que pasa con el 2015

Como primer entrada de este nuevo año (en realidad me hubiese gustado escribir esto como última entrada del 2014) voy a intentar resumir lo que ha sido este año dua-triatlético.

Empecé esta temporada allá por principios de Febrero en Luanco, en un duatlón dónde pagué mi canguelo en la bici, pero que marcaba un buen comienzo de temporada, sobretodo en la carrera a pie.

Después vino el duatlón de Alcobendas, con una participación discreta tanto a pie como (especialmente) en la bici. El circuito me pareció muy pestoso, y el nivel era bastante alto (no en vano era el Campeonato de Madrid), cosa que creo que hace mi recuerdo de esta prueba peor de lo que probablemente fue en realidad.

El Campeonato de España de Duatlón en modalidad de Contrarreloj por Equipos en Noia, fue ante todo un viaje con buenos amigos. Disfrutamos de un fin de semana genial, y representamos al club en la categoría élite, algo que siempre recordaré (pues no creo que se vuelva a repetir). La prueba fue, en términos generales, bastante cómoda, aunque es cierto que en las bajadas volví a tener ese grado de inseguridad que me cabrea.

Como último duatlón me planté en el Campeonato de España en distancia olímpica (o corta, que suena peor) en Avilés. Era el principal reto de la primera parte de la temporada, lo preparé bastante bien, pero pagué la novatada en la distancia. Lo mejor (y lo peor para el resto de la prueba) esos 35'07" en los primeros 10k de la prueba.

En Fuente Álamo, empezaba la temporada (larga temporada en mi caso) de triatlón. En este caso fue un triatlón eminentemente festivo, disfrazado de vaca para conmemorar los 25 años de la prueba mi rendimiento pasó a un segundo plano. Aunque fue mi primera muestra de que la natación este año me iba a dar muchas alegrías.

Al fin de semana siguiente tocaba el doblete Copa del Rey-Relevos en Canet. En ambos casos me sentí con mucha fuerza, llegué en un gran momento de forma que se vio especialmente reflejado en el relevo, con una última carrera a pie de pura fuerza.

Y al siguiente, Sevilla. Sin duda el mejor triatlón sprint de la temporada, curiosamente en el que peores sensaciones tuve nadando, pero con los sectores de bici y carrera a pie más completos de mi vida. Además es la prueba dónde mis decisiones puramente tácticas han dado todas en el clavo.

Un mes después, tras una parada forzada (académica) competí en el EcoTriMad de Buitrago de Lozoya, con pésimas sensaciones en todo. Aún así gané a compañeros que el año anterior (en supuesta mejor forma) no fui capaz de batir... Por buscar algo positivo.

A finales de Junio volví a Donosti y, de nuevo, todo lo que rodea a este triatlón me puso las emociones a flor de piel. Es un triatlón muy especial, por el escenario, por su gente, por la prueba en si... Mi rendimiento (y el de todos) se vio muy condicionado por la meteorología durante la bicicleta (lluvia torrencial) y su contraste con la carrera a pie (sol de justicia). Aún así muy contento, sobretodo por mi primer sub25' (24'55") en el 1500 a nado.

Un fin de semana después, otro triatlón que se ha convertido en un habitual de mi calendario: Alcázar de San Juan. Este triatlón supuso un subidón de confianza definitivo en mi rendimiento en el agua. Sin neopreno estuve al nivel de dos compañeros de equipo,a priori, muy superiores a mi. Fallé en la carrera a pie, pero desgraciadamente mi potencial corriendo se ve seriamente reducido en verano.

Dos semanas después, en compañía del neo-triatleta Christian conseguí mi primer top-ten en un triatlón. Fue en el triatlón sprint de Deltebre en Tarragona, con una natación para valientes (a contracorriente en el Ebro) y una carrera a pie con un calor exagerado. A pesar de lo que dice el resultado, estuve muy lejos de mi mejor nivel del año (Sevilla).

Empecé Agosto (el mes en el que se me acabó la gasolina) en Valladolid, con otra gran natación sin neopreno, una bici muy sólida y con el aviso del cuerpo en la carrera a pie. Como globalmente fue un triatlón notable, no hice caso de las señales y seguí entrenado aún con más fuerza durante las dos semanas siguientes.

Y entonces llegué a Estepona a romper motores. Triatlón sufrido como pocos, con la única buena noticia de nuevo en el agua y con (al menos) la lección bien aprendida. A descansar tocaba.

Cuatro semanas después, volvía al ataque en Ribadesella, buscando sensaciones tras el derrumbe en Estepona. Natación fuera de serie y una bici de vergüenza (por el recorrido de la organización, no por mi rendimiento) para acabar retirándome por primera vez en un triatlón. Aún así me llevé buenas sensaciones para afrontar Barcelona un mes después.

Mientras muchos triatletas volvían a los entrenos en Octubre, yo me desplacé a Barcelona al mejor triatlón del año. Y eso que no empezó precisamente bien, con una tormenta que parecía que dejaría el triatlón de Barcelona en visita a Barcelona. Pero, el cielo se abrió, el mar se calmó y pude terminar con un rendimiento excepcional. Lejos queda ya mi primera debacle en el triatlón olímpico en Castellón en 2012.

Para cerrar elegí de nuevo Gijón y, al igual que en 2013, volvió a salir una gran prueba. Mejor aún que el año anterior, básicamente por esa exponencial mejora nadando.

El resumen del año se podría simplificar a un simple emoticono del WhatsApp...
Mi mejora en la natación ha sido brutal, y aunque sigue siendo mi peor sector, no es ni por asomo lo que era hace un par de años. También ha sido el año de los triatlones olímpicos, con dos participaciones muy sólidas, especialmente en Barcelona.

Ahora toca pensar en los retos de este 2015, donde sin duda repetiré en muchas plazas, a otras no creo que vuelva nunca y la búsqueda de nuevas aventuras en este año que alcanzaré mi tercera década de vida... 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Triatlón de Gijón

Escribo esto con muchísimo retraso. Tanto, que se trató de mi último triatlón de la temporada 2013-2014 y ya estoy metido hasta los huesos en la temporada 2014-2015. Mi próxima entrada la dedicaré a resumir las sensaciones de este gran año, prometo que antes de que termine... Al estilo de todas las cadenas de televisión que se dedican a rememorar los mejores momentos del año.

Pero volvamos a Gijón, 12 de Octubre, fiesta nacional y último triatlón de la temporada. Debo confesar que no estaba especialmente motivado. Barcelona había salido especialmente bien y hubiera sido el broche perfecto, pero Gijón ye Xixón y Asturias ye Asturies.

Como no me acuerdo especialmente bien de lo vivido en la carrera, voy a optar por hacer un análisis mucho más frío, pero más fiable. Para ello voy a recurrir a los números puros y duros. Aprovechando que ya estuve aquí en 2013, y que el ganador de entonces también fue el mismo (gracias a Fernando Barroso por su colaboración inconsciente), este ejercicio comparativo tiene bastante sentido. A continuación os dejo lo que dicen los números de mi participación en 2014 respecto a la de 2013...


Conviene destacar que a pesar de que los dos protagonistas de la comparación son los mismos, los circuitos cambiaron. Únicamente la bici mantuvo exactamente su trazado de un año a otro. La natación y la carrera a pie fueron más largas.

De estos números se puede ver claramente que lo que llevo diciendo todo el año no son solo sensaciones, si no realidades: mi natación ha mejorado ostensiblemente (la hostia para los de la LOGSE) y sin embargo no he corrido como otros años. De la bicicleta, aunque relativamente a Barroso también perdí más tiempo (casi 1'30" más), aquí al conservarse el circuito exactamente igual, creo que no puedo pasar por alto que mi tiempo fue 1' mejor. En este caso, creo que la mejora de Barroso deja claro que en 2013 pudo tomarse este sector con más calma...

Al final, el tiempo final perdido fue mayor, casi un 2% mayor (en términos relativos). Podría pensar que fue un dato negativo, pero existe un último dato que también ha de tenerse en cuenta y es el puesto final. Mientras que en 2013 finalicé en 48ª posición de 188 participantes, en 2014 lo hice el 30º de 187. Si algo hemos aprendido de las noches electorales es que todos los datos pueden interpretarse a nuestro interés... aunque creo que en la cuestión de la natación no hay interpretación posible.

De esta forma concluía la temporada, con muchas muchas luces y alguna sombra que ya contaré en esa entrada resumen que prometía en el primer párrafo de esta crónica. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Garmin Barcelona Triathlon

El pasado domingo 5 de Octubre participé en el triatlón más anticipado de la temporada, el Garmin Barcelona Triahlon en distancia olímpica. Anticipado porque llevaba inscrito desde Mayo y además tenía especiales ganas de hacerlo bien. Esta motivación me vino de lujo para el mes de entrenamientos en solitario que tuve que chuparme después de Ribadesella, que en otras circunstancias hubiese sido demoledor (sobretodo desde el punto de vista psicológico).

Llegué el 3 de Octubre acompañado por mi madre, aunque yo me alojé en casa de mi buen amigo y ahora socio de triatlón Christian (y su encantadora mujer Melisaria). El día 4 lo dedicamos a recoger dorsales, entrenar un poquito y sobretodo a encontrarnos a un chavalito que está empezando a sonar en esto del triatlón...


La tarde del 4 la dediqué a descansar ya que el domingo tenía que levantarme a las 6 de la mañana (ni para currar tú). Dicho y hecho, a las 6 suena el despertador, desayuno básico y rumbo a la salida en la Mar Bella (bastante cerca de la casa de mis anfitriones). Según salgo de casa se pone a llover y para cuando llego a la pista de atletismo donde están las transiciones, la tormenta perfecta está sobre Barcelona. La zona de boxes (el campo de fútbol rodeado por la pista) es un barrizal impracticable, totalmente inundado. Dejo mis cosas lo más rápido que puedo y me voy a refugiar al interior del pabellón. Las cosas pintan muy mal, la organización recomienda a la gente que no coloque sus cosas por el peligro de la componente eléctrica de la tormenta y retrasa mi salida (federados) y la élite (los 40 mejores triatletas, incluidos Gómez Noya y Mola) de las 8 a las 9. En ese momento parece que es retrasar lo inevitable, pues ni el más optimista podría pensar en que iba a celebrarse la prueba...

Pero los milagros en triatlón también existen. Yo me preparo para competir, sin pensar en posibles cancelaciones de la prueba, me pongo el neopreno, dejo las cosas en el ropero y me dirijo a la playa 20' antes para calentar algo en el agua. Cuando salgo del pabellón cualquier rastro de lluvia ha desparecido, el agua del mar está como un plato y.. ¡Hasta el Sol asoma tímidamente detrás de las últimas nubes! Tras calentar unos 10' en el agua y ser testigo de la salida de los mejores, se da la salida a una prueba que parecía muerta una hora antes.

Nado bastante bien, sin grandes complicaciones salvo en los primeros metros y en los giros de boya. Se nota que ha habido un porcentaje importante (¿30%?) de gente que al ver la lluvia a primera hora se ha ido a casa. En mi serie deberían ir 450 triatletas e iremos unos 300-350, con el correspondiente beneficio en poder nadar sin tanto agobio. Me lío un poco en el último giro de boya, que es un ángulo de casi 180º, lo cual me desorienta al principio. Llego a la playa en 25'17", en línea con lo hecho en San Sebastián y tras una larga transición (y peligrosa porque el suelo sigue mojado) llego a coger la bicicleta. El box sigue hecho un cristo, y salgo de allí que parece que vengo de hacer ciclocross.

Enseguida empiezo a rodar en un grupo grandecito, que cada vuelta se hará más y más grande (4 vueltas de 10 km), sobretodo por que pasada la primera vuelta empezamos a alcanzar a gente que ha salido en otras olas. Esta situación dificulta y hace mucho más peligroso el rodar por las calles de Barcelona. A pesar de que el suelo sigue mojado y en las curvas de 180º los railes del tranvía provocan la pérdida de adherencia, yo voy con mucha confianza al trazar. No sé porque, pero saco un día perfecto en lo que a trazar y arriesgar se refiere. No puedo decir lo mismo de mis compañeros de grupeta, que se me descuelgan en todas las curvas...



Cada vuelta se incorporan al circuito ciclistas más inexpertos, lo que provoca muchas aglomeraciones peligrosas (especialmente en las curvas mencionadas). No diré nada en contra del organizador, ya que sin la lluvia torrencial de primera hora, los élite y los federados hubiésemos salido una hora antes y no habríamos encontrado ni pizca de este "tráfico". A pesar de todo, la velocidad final es la leche, muy cerca de los 40 kph (ya que al final el circuito de 10 km se quedó 500 metros más corto por seguridad) en 59'46". Además, al principio de mi tercera vuelta nos dobla el grupo de los favoritos, por lo que pude rodar con los Gómez Noya, Mola y compañía durante 2-3 km.

Con muy buenas sensaciones, me bajo a correr los 10k, con un (¡Manda huevos!) sol de justicia pegando. Empiezo como en Donosti, siendo reservón al principio. Poco a poco adelanto competidores, no muchos ya que (¡Motivación total!) me doy cuenta de que estoy muy arriba (entre los 60 primeros incluyendo a los élite de un triatlón de 5000 personas). Cuando me quedan 5k, empiezo a correr un poco más rápido. Lo cierto es que es la mejor carrera a pie del año, en lo que a sensaciones se refiere (bueno, Sevilla también). Al final entro en meta disfrutando, siendo ya consciente sin mirar los tiempos que las cosas han salido de puta madre, que toda la motivación y dedicación empeñada en esta prueba han merecido la pena... Y esa sensación es la hostia. Termino con un parcial de 39'15" (mi mejor 10.000 en un olímpico), con una sonrisa de oreja a oreja... o eso creo yo, porque está foto lo que muestra es agotamiento extremo:


Gran fin de semana, coronado con un inmenso triatlón y con la mejor participación de la carrera deportiva de Christian en la distancia sprint, con una muy buena natación por su parte. La imagen de abajo resume en datos las inmensas sensaciones descritas, con un 39º puesto final (sin contar a los élite) que no hace más que mejorar el subidón barcelonés.


Y aunque sinceramente me hubiese gustado cerrar aquí la temporada, la tierrina tira mucho y me apunté al Triatlón de Gijón una semana después, para clausurar la temporada en el mismo lugar que la pasada.

sábado, 18 de octubre de 2014

Triatlón de Estepona

Y llegó el fin. En Valladolid había saltado el piloto de la gasolina y no le hice ni puto caso. Me planté en Estepona dos semanas después, pensando que los 10 días que había estado en Asturias dando caña me servirían para olvidar/recuperarme de la sensación de agotamiento en Valladolid. Pero después de este triatlón (en realidad durante él, que coño) aprendí que llega un punto en que el cuerpo necesita descanso, que la solución no es meterse puertos de montaña, cuestas, cambios de ritmo... muchas veces la clave es parar una semana y empezar progresivamente de nuevo. Eso es lo que hice después de Estepona, ya sabéis, la letra con sangre entra.

El dia anterior en Estepona, donde terminamos durmiendo en el coche, da para un libro también. No quiero utilizar como excusa este hecho, porque el desmoronamiento esteponero hubiese llegado de igual forma.

Del triatlón poco que decir, la natación la volví a hacer muy bien, muy cerca de mi compañero de equipo Jorge Sanz (al que di caza a la salida de la transición), pero en el momento en que pongo un pie en la playa... se acabó lo que se daba. En la bici intento engañarme a mi mismo en los primeros kilómetros, con una salida fuerte. Pero la realidad y, sobretodo, las piernas que queman como si estuviese subiendo el Angliru, me hacen girar la cabeza y dejarme cazar por Jorge, con el que hago el resto del sector ciclista... más por vergüenza torera que por fuerza y ganas.


Corriendo no cambian mucho las cosas, salvo los muebles porque es mi "especialidad" e incluso me fuerzo en penar un poco en el último kilómetro para ganar a un par de competidores.

El tópico sería ahora decir "triatlón para olvidar", pero para mi (visto como he terminado los dos triatlones de Octubre) es justo lo contrario. Este triatlón me sirvió para darme cuenta (a base de una buena hostia) que en una temporada tan larga, tan bueno es saber sufrir como saber descansar.

Después de una semana de vacaciones con buenos amigos, volví a retomar el entreno de manera gradual, pensando en el triatlón Garmin de Barcelona, aunque como contaré en la próxima entrada Ribadesella se coló entre medias.


miércoles, 1 de octubre de 2014

Triatlón de Valladolid

3 de Agosto. Conviene recordar la fecha, porque con el retraso que acumulo con esto de las crónicas puede parecer que he pasado el verano en blanco... cuando no he parado de hacer cosas.

El caso es que aparecía por Valladolid después de dos buenos triatlones en Julio (Alcázar y Deltebre) y una semana después de mi primera travesía a nado (quién me lo hubiera dicho hace 3 años): 3500 metros para bajar el Sella a nado. Con estos buenos antecedentes llegué a Valladolid, un triatlón maravillosamente organizado, en el que realmente uno puede concentrarse exclusivamente en competir.

La natación (750 metros) salía desde la Playa de Las Moreras y tras un ida y vuelta por el Pisuerga se pisaba tierra firme para pillar los ciclos. Tras el calentamiento de rigor, se da la salida (sin neopreno), en el único punto negro de la organización, que nos tiene más de 10 minutos mareándonos de arriba a abajo por la playa hasta que nos dejan meternos en el agua. Este segmento vuelve a ser una muy buena noticia, salgo del agua una vez más a pies de mi compañero Jorge San Martín "El Becario" tras pegarme a sus pies como si no hubiese dos sectores más.



Esto me permite, una vez más, chuparme todo el sector de ciclismo (20k) en un buen grupo ciclista que me permite ir relativamente tranquilo. Así que mi moral en ese momento está por las nubes. La bici es bastante "fácil", yendo en grupo la vida está resuelta. Vuelvo a tener un poco de mala suerte (como en Deltebre) en el último giro se me sale una zapatilla de la cala y se me escapa un poco el grupo. El calentón que me meto, no es para nada el ideal de cara a bajarse de la bici...


Me bajo a correr (5k) y aquí, amigos, es donde empieza mi cuesta abajo (que se acabó de concretar en forma de hundimiento en Estepona) debido sin duda a la acumulación de esfuerzos de esta gran (pero larga) temporada. La carrera a pie no va nada bien, a pesar de que se ajusta a mis condiciones como anillo al dedo, con bastantes giros y cambios de ritmo. Sufro para hacer al menos un parcial digno (por debajo de 4' el kilómetro) y llegar a meta con gas para un último sprint, pero contento por los segmentos de natación y ciclismo.

Dos semanas después estas malas sensaciones a pie se extendieron también a la bici en Estepona, pero eso ya es otra chapa distinta...