Mi vuelta al triatlón tras casi dos años de ausencia se produjo ayer 5 de Mayo en Madrid, en una bonita prueba que escapaba del formato clásico dentro de la Casa de Campo para incorporar la zona del Palacio Real y la Catedral de la Almudena.
Creía que volver sería más sencillo, que sería simplemente retomar las cosas donde las dejé hace dos años justamente en una prueba en la Casa de Campo, pero la realidad fue diferente. El resumen que puedo hacer de la prueba es que se me ha olvidado competir en triatlón.
En primer lugar la natación. Nunca he sido un gran nadador, pero el paso del tiempo me hizo dejar de ser uno malo. Los entrenamientos que he podido hacer desde Barcelona hasta aquí me han dejado buenas sensaciones, sobretodo porque aunque llevaba casi un año sin nadar, desde el principio pude hacer muchos metros sin que el cuerpo lo pagase al día siguiente. Era plenamente consciente de que mi rendimiento no iba a ser el de antaño, pero la realidad fue aún peor. Para mi es fundamental poder calentar en el agua antes de las pruebas, ya que si salgo frío (como me paso en el Lago de la Casa de Campo) no soy capaz de dar el 100%, no nado cómodo. Así paso una natación que se me hizo muy larga en determinados tramos, sobretodo por la incapacidad de encontrar sensaciones, que es de lo que va este deporte.
Del agua salgo bastante atufado, me cuesta quitarme la parte de arriba del neopreno un horror y el sector de enlace hasta la transición se me hace largo. Cojo la bici para hacer el "clásico" circuito de la Casa de Campo con la subida al Cerro Garabitas. Esto lo tenemos que hacer dos veces antes de poner rumbo al Palacio Real vía Cuesta de la Vega. La primera vuelta en bici sigo atufado, es como que las piernas no consiguen entrar en calor en ningún momento. Encima la prueba va bastante dispersa y me toca ir solo gran parte de la vuelta, lo que es especialmente incómodo en los tramos llanos donde no puedo rodar todo lo rápido que se merece el perfil. La segunda vuelta empieza con una salida de cadena en plena subida que me hace perder en torno a un minuto, pero una vez en su sitio las sensaciones son mucho mejores que en la primera. El tramo desde la Casa de Campo hasta el Palacio Real lo disfruto mucho, pero visto en retrospectiva fui muy muy conservador, e tuve excesivo respeto a la Cuesta de la Vega, lo que demuestra que he perdido callo. Dejo la bici en la explanada entre el Palacio y La Almudena y a correr.
La carrera a pie empiezo un poco inseguro por las típicas molestias musculares asociadas al cambio de disciplina. Pero pasados esos primeros metros de toma de contacto, aquí si que soy conservador al cuadrado, demasiado. Quizás la influencia del petardazo en Barcelona me haya hecho recular, no lo sé. El caso es que tras un circuito de ida y vuelta hasta el Parque del Oeste por Pintor Rosales, llego demasiado sobrado de energía y de gas a la línea de meta. Cruzar la línea de meta es agridulce porque entre pitos y flautas soy consciente de haberme dejado un saco de minutos por el camino, y que simplemente con una actitud más arriesgada unos cuantos habrían caído de mi lado.
No puedo decir que esté decepcionado, porque he vuelto a hacer triatlón y eso es la mejor noticia del día. Volver a recuperar las ganas y verme de nuevo colocándome el neopreno, haciendo las transiciones, cruzando la línea de meta... sin duda me quedo con eso. ¿Cosas a mejorar? Por supuesto, todas las que he descrito encabezadas por cambiar el chip y ser más competitivo y seguir creciendo en al agua y en la bici hasta esas cotas que sé que puedo alcanzar. Pero tengo que darme una tregua a mi mismo, la exigencia es buena pero volver a verme en una clasificación de triatlón, mejor por mucho.
Mi idea según termino de escribir estas líneas es pasarme a ver de que va el Triatlón de Gijón, que es el 25 de Mayo, para dar un pasito más y seguir ilusionándome.
Y llegó el gran día. Y llegó la cruda realidad del debut en una distancia tan larga. Parece increíble que la misma carrera en la que completé 25 kilómetros al ritmo buscado (sub 3h) prácticamente sin enterarme y disfrutando, se tornara en el peor de los sufrimientos apenas cinco kilómetros después, para convertirme en esto al llegar a meta...
La carrera, a pesar de lo larga y dura que fue (3h24' al final), se puede resumir en el párrafo anterior sin necesidad de mucho más detalle. Los primeros kilómetros son fáciles, fáciles. Tengo que ir incluso conteniéndome para no subir el ritmo y cumplir con los pasos establecidos. La media maratón la paso en 1h27'30", un pelo por debajo de lo pensado pero con buenísimas sensaciones, en ese momento voy feliz y rebosando confianza. Al poco (k22) Alejandra me pasa un gel y sonrío para hacerle ver que de momento todo en su sitio. Habiendo hecho ese paso tan bueno de media, decido guardarme un poco y controlar más los ritmos. Me digo a mi mismo que si completo la segunda media maratón en 1h32', habré cumplido el objetivo. En ese momento parece imposible que un bajón pueda aparecer, al menos no en el corto plazo.
Pero a partir del kilómetro 26 empiezo a pasarlo mal. Las piernas empiezan a ponerse demasiado duras y los primeros amagos de calambre aparecen. A pesar de todo, paso el k30 dentro del ritmo para poder bajar de las 3 horas. Pero a partir de ese punto llega el tan temido y famoso "muro". Las piernas ya no tienen más y voy absolutamente bloqueado de cintura para abajo. Al aspecto físico se une el desplome psicológico de ver como te adelanta gente a paladas y como el trabajo de meses se esfuma a 12k de meta. Estos últimos 12k se convierten en un suplicio, seguramente el periodo de sufrimiento más grande de todas las carreras que he hecho. Los kilómetros tardan cada vez más en aparecer (5' el mil, 6' el mil... hasta casi 7' el mil los últimos 5 kilómetros) y cada vez duele más todo y cuesta más seguir. Al final cruzo la línea de meta, con el sabor agridulce de no cumplir con el objetivo pero haber luchado y sufrido como nunca.
Tras esta dura prueba se abren dos interrogantes principales. En primer lugar: ¿Que falló? Un desplome puramente de piernas (no fue un K.O. de boxeo, el resto del cuerpo reaccionó bien) creo que está directamente asociado con falta de kilómetros en las tiradas largas. No fue el ritmo el que me condenó, sino que las piernas estaban preparadas para 30k y no 42k. Sabiendo esto ahora, tendría que haber apostado por tiradas algo más largas, al menos un par de ellas por encima de los 30k. Creo que ante un debut, tendría que haberme asegurado de que mi cuerpo, mis piernas, "se enteraran" de que quería correr 42k.
La segunda cuestión: ¿Volveré a correr para sacarme la espina? La respuesta ahora mismo es que no. Por un lado tengo claro por donde tendría que mejorar la preparación, haciendo énfasis en hacer un par de tiradas largas, pero largas de verdad. Pero por otro, la preparación ha sido muy dura, muchas horas y muchos días de dedicación que en el corto plazo no me apetece. Quizás si lo preparo con alguien... Pero ahora mismo, ya solo pienso en mis triatlones, volver a coger la bici, volver a la piscina, volver a lo mío. También tengo claro que si vuelvo a plantarme en una maratón y me sobrevienen estos dolores, paro en ese momento y a casa. Lo de ayer fue puro pundonor por terminar y no tirar meses de entrenamiento, pero jamás volvería a llevar a mi cuerpo a ese punto.
El penúltimo párrafo va para lo que supuso la carrera fuera de lo puramente físico. La Maratón de Barcelona es, sin duda, la mejor carrera a nivel organizativo en la que he estado nunca. Todo fue perfecto, la feria del día anterior espectacular, la organización del ropero, la salida, los voluntarios y las chicas de la Cruz Roja que se encargaron de "resucitar" mis piernas. Una experiencia brutal que no puede verse empañada por mi "petada". Cataluña vive un clima difícil estos días, por lo que me encanta poder decir que el deporte (al menos lo que yo he vivido el fin de semana) vive muy por encima de estas cuestiones. Gratamente sorprendido porque en los triatlones de 2014 y 2015 si que había tenido un par de malas experiencias con esto.
El último párrafo es para agradecer a Alejandra su compañía y reconocer a Óscar su carrera. Ella también se hizo su maratón particular yendo de arriba para abajo, para verme hasta en 8 puntos kilométricos diferentes. Y él, reventó como yo, en el mismo punto que yo, y luchó también para poder cruzar la línea de meta a pesar de las dificultades.
Casi tres años sin escribir, en realidad sin pasar por estos lares. No diré que en este tiempo no haya hecho nada de deporte digno de mención, pero si que me faltaba la continuidad para llegar a un punto de ilusión para sentarme a escribir sobre ello.
El año 2017 estuvo marcado por mi marcha definitiva de mi club de triatlón, el CTOA, al que me unía ya más un lazo sentimental que realmente práctico. El abandono por parte de Antonio y de Fran, hizo que la principal razón por la que seguía pagando las cuotas desapareciese: las competiciones por equipos con el Drink Team. El verano de 2017 aún defendí los colores azules, destacando los triatlones de Gijón (Junio) y de Madrid (Julio). Buenos triatlones, pero en su momento no escribí de ellos y ya no pinta nada que lo haga.
Aunque llevaba un par de años ya sin pisar las instalaciones de Santo Domingo, haciendo el 90% de mis entrenamientos solo, dejar el CTOA me afectó más de lo que pensaba. Condicionó mi motivación para competir y convirtió el 2018 en mi primer año sin triatlones desde que debuté en 2009. Además, la búsqueda infructífera de casa durante meses, hizo que en ningún momento pudiera encontrar esa imprescindible continuidad.
En Agosto de 2018 me coloqué el único dorsal del año en la Carrera de la Lagunas de Villafranca de 9k. Ya había hecho esta carrera en 2013, en aquel entonces con la clavícula en cuarentena baje de 4' por kilómetro. En esta ocasión, a pesar de un par de meses rodando, mi ritmo fue de 4'10". Lo que fue una hostia de realidad tremenda, porque no conseguir bajar de 4' el kilómetro es algo que nunca me había pasado... Así que en ese mismo momento mi compadre Óscar y yo nos pusimos como objetivo la Maratón de Barcelona, que se celebra el 10 de Marzo de 2019. El objetivo inicial parecía tremendamente ambicioso para nuestro estado de forma y ante un debut en la distancia: bajar de 3 horas.
Después de unas merecidas vacaciones y un cambio de vida radical - pasar de Madrid a Naves, un pueblo de menos de 100 habitantes - empecé con la preparación el 1 de Octubre. Los dos primeros meses, los dediqué a conseguir rodar 10k en menos de 50' sin que se me saliera el corazón por la boca. Los primeros días me costó muchísimo a nivel psicológico salir a correr 5-6 kilómetros a 5' por kilómetro y llegar acelerado. Pensar que no hace tanto mi lucha era por bajar de 35' en 10k. Por suerte me quité de este condicionante muy pronto, me centré en escalar poco a poco. Para principios de Diciembre ya estaba corriendo bastante bien, en Navidad vinieron las tiradas por encima de los 20k a las que respondí bastante bien y el 20 de Enero rematé con un test de 10k totalmente solo en 39'30". Este test supuso un punto de inflexión en mi preparación, especialmente a nivel mental. Desde ese día cambié el chip y empecé a ver el objetivo de bajar de las 3 horas más cerca. Después de ese test vinieron las series y respondí de lujo, mejor incluso que lo establecido por el plan.
El 10 de Febrero tenía programado el test de Media Maratón, que es la gran referencia a un mes vista para saber si las cosas van bien. Elegimos la Media Maratón Fuencarral-El Pardo, que es conocida por ser una carrera tremendamente dura, y puedo dar fe que lo es, y mucho más de lo que pensaba (y ya pensaba mucho). Mi tiempo para poder pensar en bajar de las 3 horas debería haber sido de 1h24', pero teniendo en cuenta la dureza del recorrido, el tiempo final de 1h26'30" me deja satisfecho. Es verdad que no me sirve para ir "tranquilo" a Barcelona, pero si para apostar claramente por ser ambicioso y salir en búsqueda de ese sub3h.
Y así me planto a 5 días vista de la carrera. Pase lo que pase, puedo decir que preparar la Maratón de Barcelona ha sido fundamental para recuperar las ganas por competir. Para muestra, el hecho de volver a escribir en este blog y mi inscripción para el Triatlón Popular de Madrid el 5 de Mayo. Espero poder escribir mi crónica soñada de Barcelona, pero si no, escribiré sin duda mi crónica de recuperación de la motivación.
Como había contado en mi anterior entrada, mi situación
profesional cambió para muchísimo mejor a partir de finales del mes de Julio.
Esto me hizo cambiar radicalmente mi plan de temporada de no hacer ningún
triatlón en verano. El recuerdo del buen triatlón hecho en Barcelona a pesar
del bajón en horas de dedicación me impulsó a apuntarme a un nuevo triatlón a
finales del mes de Agosto, con la perspectiva de tener un mes para prepararlo y
volver a sentirme triatleta.
El elegido fue el Triatlón de Alba de Tormes, localidad
cercana al pueblo de Alejandra y cuya
inscripción me costó tan solo 10€, algo a reseñar en este mundo de precios
inflados. Durante el mes de Agosto me dediqué a volver a entrenar, recuperando
sobre todo la ilusión que había perdido por este deporte. No me maté a
entrenar, ni me dediqué a pensar en tiempos ni ritmos, simplemente quería
volver a hacer un triatlón con la sensación de estar compitiendo.
Así que allí nos plantamos el 29 de Agosto, en plena ola de
calor y… se pone a llover mientras recogemos los dorsales, menos mal que el
circuito de bici no tenía complicaciones. A diferencia de mis triatlones en
2014 donde me estudiaba al dedillo recorridos antes de salir, aquí no me quedo
ni con dónde he dejado la bici. Caliento un poco en el agua del bastante
caliente – pero a pesar de ello con neopreno hasta arriba – Río Tormes.
Con bastante retraso se da la salida, en medio de bastante
confusión lo que hace que mucha gente salga – entre ellos yo – con una
desventaja de 50 metros. Este no será el último indicador del caos organizativo
que fue la prueba, aunque alguno dirá que por 10€, que más se puede pedir… En
el agua no me siento cómodo desde el principio, bajo el ritmo a partir del giro
de la boya (la mitad del recorrido de 750 metros) pensando que quizás he salido
demasiado “revolucionado”. Salgo en unos 13’ pelaos del agua, lo cual no está
nada mal, aunque mis sensaciones están lejos de ser buenas.
Cojo la bici después de una mala transición y el circuito se
me atraganta desde el km.0. Mucho callejeo al principio y luego un sube-baja
del que mis piernas no quieren saber nada. Lo paso sin más, pero ya mi cabeza
está mal, demasiada diferencia entre mi vuelta al ruedo imaginada y la real.
Pero lo peor está aún por llegar, la carrera a pie es una
encerrona, una carrera de montaña con unas cuestas demoniacas que me acaban de
rematar. Ahora sí que la carrera se convierte en pura supervivencia y el único
objetivo cruzar la meta. El calor se intensifica, lo cual para mí es como si en
lugar de correr 5k tuviera que correr 10. Al final llego entre la confusión por
la cuestionable colocación de la línea de meta, pero mis ganas de agua y sombra
superan a las de protestar o quejarme.
Acabo en la fuente del pueblo con otros competidores dándome
un baño, que sirve como analogía del baño de realidad que me acababa de dar en
la carrera… Moraleja, mi nivel de 2014 está ahí, pero entrenando un mes no se
puede pretender alcanzarlo.
Con esta prueba terminé la temporada 2014-15, que suponía un
bajón más que evidente si la comparamos con la temporada 2013-14, pero tuve momentos
(principalmente en Marina d’Or y Barcelona) que me permiten soñar con recuperar
ese nivel si vuelvo a entrenar.
Tras el gran sabor de boca que me había dejado Barcelona,
con un resultado y unas sensaciones infinitamente mejores a los esperados, me
volví a aventurar en otro triatlón por equipos. Por primera vez repetía en este
formato dentro de la misma temporada y además repetíamos equipo con respecto a
Marina d’Or: Garrido, Moral, Sanz, Pascual, Núñez y Tarno de nuevo ante un
triatlón en distancia Sprint.
El triatlón se celebraba dos semanas después de Barcelona,
así que por desgracia fueron dos semanas más sin entrenar debido al ajetreo
profesional, a lo que había que sumar que tras Barcelona estuve una semana
bastante jodido. A pesar de ello nada me hacía pensar que, por primera vez en
un triatlón por equipos, no solo no iba a poder ayudar a mis compañeros tanto en
la bici como en la carrera a pie, si no que iba a tener verdaderos problemas
para soportar el ritmo impuesto corriendo.
El triatlón empezó ya mal en el agua, donde tengo muy muy
muy, pero muy malas sensaciones. Paso el trago porque el ritmo no es exigente,
pero la natación suele ser un sector que marca mucho mi desempeño en la
prueba... cuando salgo así del agua, nunca suelo hacer las cosas bien después.
Además, a diferencia de Marina d’Or donde hicimos un sector perfecto – dentro
de nuestras capacidades – aquí las cosas salen bastante peor, no nos
coordinamos tan bien y a Núñez le lanzan constantemente contra Pascu o contra
mí, que vamos abiertos en los laterales lo cual provoca constantes parones y
acelerones.
Salimos a la bici, que siempre es nuestro mejor sector pues
es en el que el nivel de los seis está más parejo. Aquí al principio parece que
me encuentro mejor, pero es tan sólo un espejismo. En cuanto me toca dar un
relevo fuerte las piernas protestan mucho y la sensación es muy mala, no voy
nada cómodo así que decido que mis relevos sean más dispersos y en ningún caso
con la fuerza que suelo hacerlos. En conjunto la bici tampoco salió bien. Jorge
fue a su rollo, Pascu tampoco andaba muy fino y a Antonio le sigue costando
horrores coger ritmo después de nadar. No estaba siendo nuestro mejor triatlón,
y yo no lo estaba disfrutando.
La carrera a pie fue la corroboración de que no era mi día
para nada. Desde el momento que pongo pie a tierra y cuando aún tengo la
bicicleta en la mano me vienen los síntomas de debilidad que llevaré durante
los 5k de carrera a pie. Intento reponerme y al principio no voy tan mal porque
nuestro ritmo – incluso cuando Pascu se ha retirado – es bajo. Esta transitoria
sensación de comodidad se esfuma cuando intento empujar a Jorgito un par de
veces... ahí el esfuerzo es demasiado grande. A partir de ese momento dejo esa
tarea a Fran que va bastante más sobrado que yo y me retiro a la parte trasera
para pasar lo que queda con el menor sufrimiento posible. No llegué a sufrir en
ningún momento, pero tampoco tenía energía extra, digamos que iba exactamente
al ritmo que habría escogido si hubiese tenido que correr solo.
Al final la carrera no sale tan mal desde el punto de vista
de los tiempos, aunque mi sensación subjetiva es que funcionamos bastante peor
como bloque que en otras ocasiones. A nivel particular me encontré flojo, bien
es cierto que si no hubiese querido asumir labores de equipo – tirar en la
bici, empujar corriendo – lo hubiese pasado bastante más sobrado. Baste ver mi
aspecto justo al término de la carrera para que todo lo que he escrito en esta
crónica cobre vida.
Justo la semana anterior a este triatlón mi vida profesional
dio un giro de – no diremos 180 -135
grados con cambio laboral. Esta situación me permitió a partir del mes de
Agosto volver a entrenar con cierta frecuencia, lo que me hizo ilusionarme y no
tardé mucho en apuntarme a un triatlón en Alba de Tormes, pero eso ya es otra
historia...
El año pasado, allá por el 5 de Octubre de 2014, realicé en
Barcelona el triatlón del que más orgulloso me siento desde que empecé a hacer
esto en Talavera en Mayo de 2009. No fue en el que mejor nadé, ni la mejor
bici, ni la carrera a pie más rápida – bueno, para uno de distancia olímpica si
fue el más rápido – pero mis sensaciones al final de la carrera fueron de haber
realizado “El Triatlón” con mayúsculas.
Con estos antecedentes, en el momento en que las
inscripciones estuvieron disponibles no tardé ni medio segundo en decidirme.
Los acontecimientos después de esa inscripción, como ya he llorado en entradas
anteriores, hicieron que mi estado de forma el día de la carrera distara una
barbaridad del de aquella mañana de Octubre de 2014.
Se me olvidaba comentar que los organizadores de la prueba,
cansados de la aleatoriedad climatológica de Octubre – dos años seguidos con
aguacero – decidieron mover la prueba a finales de Junio. Este cambio,
particularmente en este año de poco entrenamiento, me vino perfecto ya que dudo
mucho que hubiese podido llegar a Octubre.
El caso es que el Domingo 21 de Junio a eso de las 8 de la
mañana me disponía a meterme en las aguas mediterráneas de la playa de la Mar
Bella, tras un gran fin de semana con mi – cada vez más catalán – buen amigo
Christian. La estrategia para toda la prueba era clara, llegaba con 2-3
entrenamientos en agua en el último mes, alguna salida en bici y, esto sí, un
par de rodajes por semana en París, así que objetivo: cruzar la línea de meta.
Empiezo a nadar muy atrás en el grupo de 500 triatletas en
el que me tocaba salir. Lo que menos quiero son golpes con otros triatletas que
me hagan gastar más de lo necesario. Paso sin problemas ni cansancio excesivo
hasta la última boya, donde los brazos empiezan a notar el déficit de metros
entrenados. Los metros finales hasta la orilla se hacen un poco más pesados, pero
nada del otro mundo. Llego a la primera transición para coger la bici con
bastante mejor cuerpo del esperado, pero también sabía que la natación iba a
ser lo “más fácil”, lo importante empezaba entonces. La gran sorpresa en este
sector vino al consultar los tiempos: 26’38”, apenas 1’20” más que el año
anterior.
Me subo a la bici sabiendo que si me paso de rosca lo voy a
pagar con creces en la carrera a pie. Al poco de salir engancho un grupo que,
aunque irá engordando considerablemente, ya no perderá hasta bajarme de la
bici. La primera vuelta mis sensaciones no son las mejores y mi dilema es si
mantenerme en el grupo para tener protección o dejarme caer en busca de un
ritmo más cómodo. Por suerte, a partir de la segunda vuelta empiezoa encontrarme de maravilla y – ¡Quién lo
diría al principio – me lo paso genial callejeando por las calles del circuito.
Sin duda, una bici que no podía ni soñar antes de empezar la carrera. Para la
tercera vuelta nos doblan los “gallos” con Mario Mola a la cabeza. El tiempo
final de este sector es de no creérselo, a pesar de que no llegaran a ser 40k:
57’47”. Los mejores “mortales” de la prueba, esto es, si quitamos a la élite
del triatlón presente en Barcelona, rodaron en torno a los 55’. Lo dicho, de no
creérselo. En ese momento, evidentemente, no soy consciente de un hecho
sorprendente: me he bajado a correr en menos tiempo que el año anterior, esto
es, la suma de los tiempos de natación, carrera a pie y transiciones es mejor
que la del año anterior... Es cierto que en 2014 la bici fue más peligrosa con
el asfalto mojado y por la cantidad de gente en el circuito debido al retraso
en las salidas, pero ¡Que me plantaba casi sin entrenar!
Para ser exactos, la suma de los dos primeros sectores y las
dos primeras transiciones en 2014 fue de 1h28’42” y en 2015 1h28’20”, esto
quiere decir que cuando empiezo a correr tengo 22” de ventaja sobre mi yo de
2014.
Empiezo la carrera a pie muy relajado. Este es el sector de
las pájaras, dónde todos los esfuerzos del triatlón se juntan y 10 kilómetros
penando son muchos kilómetros. Al poco de empezar, me topo con mis dos “hooligans”
particulares, que me dan alas en un tramo del circuito dónde el depósito de
gasolina se está vaciando. Aún así, mantengo ritmos cercanos a 4’ el kilómetro –
en algún momento incluso por debajo – lo que dispara mis ilusiones. En ese
momento no tengo ni idea de lo bien que lo estoy haciendo en cuanto a tiempos,
en la víspera me conformaba con bajar de 2h30’ y alrededor del kilómetro 4 la
previsión es de 2h10’ aproximadamente – esto ya es un pisto que me tiro yo a
toro pasado. Justo antes de llegar al punto de giro en el Arco del Triunfo me
encuentro el primer – lógico ya a estas alturas – revés del día en forma de
flato. En otras circunstancias hubiese bajado el ritmo hasta conseguir acompasar
la respiración, pero en este caso soy sensato y me paro a tomar algo en el
avituallamiento y no arranco a correr hasta que recupero bien la respiración. A
partir de ese momento corro más lento, para evitar que vuelva a reproducirse el
flato. Poco a poco voy recuperando algo más de ritmo – no como al principio,
pero si más que tras el flato – y empiezo a ver el final cerca. Alrededor del
kilómetro 7 noto que el bíceps femoral de mi pierna derecha me saluda,
diciéndome claramente que no me cebe si no quiero ver las estrellas. Así que
nuevo descenso en mi ritmo, a pesar de lo cual alcanzo en el último kilómetro a
un triatleta que se me pega en esos metros definitivos. Aquí es cuando cometo
el único error de la prueba, ya que a falta de 50 metros y ya en la alfombra
azul con la meta al alcance de la mano, le tiro un sprint a mi acompañante.
Creo que ni un segundo después de creerme invencible el bíceps femoral derecho
salta y me deja apoyado en la valla que delimita el pasillo de meta haciendo
estiramientos. Tras casi un minuto estirando consigo entrar caminando en 2h12’44”,
menos de 5’ por encima del registro marcado en 2014 llevándome la ovación del
público pues entré cojeando... las dos veces
que más me han aplaudido fue en Ribadesella al tener que retirarme por un
pinchazo y aquí... cosas veredes, amigo Sancho.
Llego destrozado, pero feliz, porque ahora si veo el
cronometro en meta y no me lo puedo creer. El triatlón no ha sido nada incómodo
hasta la segunda mitad de la carrera a pie y he tenido muy buenas sensaciones
en la bici. Barcelona, 8 meses después me vuelve a dejar una sonrisa en la
boca, en esta ocasión por demostrarme a mí mismo que mi nivel suelo – ese que
se tiene sin apenas entrenar – es más que respetable si se sabe competir con
cabeza.
Tras este triatlón los pasos me llevaban a Valladolid, dónde
el 5 de Julio volvía al triatlón en formato de contrarreloj por equipos, pero
eso ya es otra historia...